domingo, enero 30

 


Lo vi y supe que no podía moverme con las pisadas conocidas. No era el mismo verso como tampoco las palabras básicas que se deben decir cuando ya tienes conocido el terreno, sabes lo endeble o duro que puede ser, si tropiezas no sabes si las cicatrices son heridas nuevas o de los raspones de nuevo abiertos... 

De buenas a primeras es un tipo bastante serio, una voz muy amable y con un tono de sensatez. Cada palabra se ajusta a lo que no esperas podría decir, tiene las palabras oportunas al momento de sugerir atributos a las acciones que se viven pero definitivamente, un análisis sencillo con pocos desaciertos. 

Sus pasos son bastante acompasados salvo ocasiones en las que no quiere interrumpir los sonidos o diminutos detalles que le sirven para distraerse, aunque la contradicción impera cuando en medio de sus detalles detecta cosas comunes que requieren un poco de picardía para ser discutidas por sus acompañantes. 

Mientras intento resolver que le ha parecido aquel cuadro de la pared, una relato o noticia amarillista, cualquier tema del tintero o posiblemente el sabor de alguna comida compartida. Digo alguna frase elocuente con un sazón jodidamente divertida para esperar tu mueca "del ciego" (ojos medio chinos, boca algo fruncida, con uno de los hoyuelos que asoma unos instantes). Creo interpretar ciertos gestos con elocuencia, salvo otros que se aparecen de la nada y deberán ser clasificados.

La noche ha visitado nuestra estancia muchas veces, mientras miro hacia afuera, un tic mío que aprendí para desconectarme de todo lo que podría molestarme. En ese momento, solo necesito posarme en tu pecho, no digo nada, tus manos que conocen el camino perfecto para acurrucarse en mi cintura se acomodan y sin menospreciar el cobertor me brinda su calor. Entrelazadas las piernas, deseo no emitir palabra alguna para encandilarse con tu presencia, pero me es esquivo el sueño, y siento tus labios procurando acariciar los míos mientras las mieles se deshidratan, confío y me dejo llevar, por aquel beso en la frente, donde residen los sueños... en ese momento tu voz tiene un tono suave, tan afable que me entorpece no sé si quiero ahora descansar o pedirte que rompas ese silencio con esa ternura propia de ti, o solo me arropo para continuar en ese instante nuestro.

... pienso que a veces, las palabras y las acciones no concuerdan, cuando el frenesí se apodera de nuestra razón. Entonces, una silueta muy marcada sobre sale de tu rostro, una sonrisa coqueta y desafiante aprueba cualquier tipo de rose propósito de exaltación hormonal, para ese momento, quiero tomarte por asalto, morderte los labios, dejarme llevar por el camino estrecho de tu espalda. Pero es necesario cerrar los ojos para dejar que la imaginación actúe por nosotros. Que los vidrios se empañen y descubra algo más... mientras recobro el aliento, tus brazos ya sostienen mi cuerpo, me reciben tan bien que son justos para mi. 

Tipo del seño fruncido por azares de la vida, con voz fuerte cuando es necesario darle peso a las esquivas palabras o un regaño a quien lo merezca, pero luego de convierte en un tono amigable de aquellas que puede tramar la broma poco amable sarcástica y cruel a veces, pero que se ha convertido en la voz más tierna, coherente y característica que en situaciones complejas se amolda a lo que ocurre, creíble, amistosa, seductora y sexy.

Creo que conozco un poquito de aquel hombre, me gusta ser su interlocutora cuando hay tanta historia en un charla como situaciones jocosas. Debo aceptarlo, me cautiva cuando las conversaciones son largas, dicientes. Quiero volver a sentarme frente a ti, con una cerveza o postre en la mano y mirarte, a los ojos, para luego clavarte un beso que me dure el tiempo que no puedo verte...