Llegaste una tarde en la que me encontraba abollada por el trabajo. Los caminos se separaron en medio de mensajes y ausencia. La verdad, me sorprendió saludarte de la manera más fácil: una sonrisa y saludo fresco. Pero en el comedor, llegaraste a disculparte, pensé: hace mucho que no escucho algo semenjante, y empezamos a charlar. De momento, tenía algo de enojo, que fue desvaneciendose mientras conversabamos, fue así que conociste mi lab, uno de nuestros tantos pendientes. Mis días de quejas por mis inconvenientes laborales con alguien que he aprendido a tolerar fueron olvidandose en medio de risas por mensajes a veces mal escritos o bromas siendo nuestro contacto más frecuente. He sentido la calidez de las charlas, el apoyo a cada día donde tengo ganas sólo de correr pero la risa ha sido nuestra arma infalible para aliviarnos. No sé aún que tienes, te gusta las cosas simples, eres molestoso a mil, acolite, trabajador, soñador, buena onda, en pocas, un buen ser humano que ha venido a ponerle menta con manzana a mis días eres fuerte y dulce a la vez. Sé que, hemos sido compañeros de nuestros momentos emocionales, deseo que puedas quitarte tú duda, he sido neutral a ello y hemos encontrado una verdad y esa nube se discipará pronto. Tengo una visión algo "sui generis" de estos días. Hablamos tanto, nos molestamos el doble pero se que tengo un hombro donde apoyarme y que no te voy a dejar caer tampoco, entonces no sé que suceda, pero sé que me haces bien, estoy empezando a pensarte...

No hay comentarios:
Publicar un comentario